Huyendo de la masificación y desvirtuación del Vespacito MSC, en el que ya no salían vespas sino decenas de desconocidos con motos de gran cilindrada, con el bocado mal ajustado. Seguí haciendo algunas salidas, en la Revere, con el grupo de Mototurismo Granada, que eran poquitos, centrados y bien avenidos.
En 2005 conocí a un incipiente Vespaclub de Albolote en una salida de motos clásicas, fui muy amablemente recibido y comencé a compartir salidas con ellos. En 2006, el VCA pasó a ser asociación sociocultural y yo su secretario. Hasta 2010 todo parecía ir bien, pero el ambiente se enrareció; las causas ... pues no las tengo claras, supongo que diferencias de intereses generales y particulares, o lo que es lo mismo, desde mi órbita cuando el centro de actividad del club ya no es la vespa, sino que ésta pasa a ser la excusa para hacer otras cosas. Para un vespista como yo, al que le gusta rodar, "mecaniquear", inventar y le sobra lo demás, la participación en otras actividades no era de interés lo que provocó la incomprensión, la critica hostil y mi salida del club.
Fuimos dos, por aquella época, en dejar el VCA, ambos parecíamos tener los mismos intereses en el mundo de la vespa y decidimos organizar un club basado en la vespa, sin ataduras de otro tipo, para compartir vespismo puro y duro. En 2011 comenzamos a rodar, nos hicimos asociación, empezamos a ser conocidos, aumentaron los socios ... y la vespa pasó, poco a poco, a ser nuevamente la excusa. En 2015, el VCG, del que soy fundador, perdió el sentido para mi y lo dejé.
Reflexionando he llegado a la conclusión de que soy, en estas lindes, un lobo solitario que gusta de compartir lo más puro de su especie, que para otros menesteres prefiero rodar solo y poner yo el destino.
Y contestando la cuestión inicial: ¡Easy rider my friends!
viernes, 27 de marzo de 2015
miércoles, 18 de marzo de 2015
Moto grande ande o no ande...
Pues si, en 2005 me picó el gusanillo de probar una moto-moto y decidí aparcar la vespa TX, seguir disfrutando del vespismo con la 150S y adquirir una motocicleta de al menos 500 cc. Miré por internet, me recorrí un montón de tiendas de compra-venta y, cuando ya estaba a punto de abandonar la idea, por casualidad vi, en la puerta de una tienda de un compraventa, una Honda NTV 650 Revere blanca. Durante mi adolescencia, un ex-tío mío, tuvo un montón de motos en un periodo muy corto de tiempo y la que más me gustó y recordaba era un revere gris. Entré en la tienda, la acababan de dejar, el vendedor la arrancó y su sonido me dijo "llévame". Me apoyé en algún defectillo leve propio de la edad para negociar el precio y dejé una señal. En un par de días pasé a recogerla, emocionado y nervioso, nunca había conducido una moto con marchas al pie, pero fue fácil.
Comencé a usarla para ir al trabajo y para rutear. Por aquella época conocí y empecé a salir con mi mujer y con ella compartimos muchas rutas, algunas de ellas con un Vespacito MSC que empezaba a crecer y con un Mototurismo Granada. Pero la vespa no se iba de mi cabeza y tras un cambio laboral, que no me dejaba tiempo para disfrutar de vespa y moto, la Revere se fue dejándome un buen recuerdo.
Comencé a usarla para ir al trabajo y para rutear. Por aquella época conocí y empecé a salir con mi mujer y con ella compartimos muchas rutas, algunas de ellas con un Vespacito MSC que empezaba a crecer y con un Mototurismo Granada. Pero la vespa no se iba de mi cabeza y tras un cambio laboral, que no me dejaba tiempo para disfrutar de vespa y moto, la Revere se fue dejándome un buen recuerdo.
viernes, 6 de marzo de 2015
Regreso al futuro ...
Desde que era pequeñito me gustan los vehículos antiguos. Aunque no me llegan los recuerdos, si lo hacen las historias que me trasladan a los tres añitos, cuando yendo con mi yaya Carmen de paseo y estando entre sus brazos mirando un escaparate dije "¡un coche pesioso!" refiriéndome a un coche de juguete de chapa amarillo, estilo años 30. Por supuesto el comentario deshizo la voluntad de mi yaya haciendola irrumpir en la jugueteria para hacerse con el cochecito como si fuese el secreto de la eterna juventud. 40 años más tarde el cochecito tiene su lugar en mi vitrina de colección. Ya no es amarillo, allá por mi adolescencia fue el primer vehículo que restauré, y pasó a ser azul. Ya armado vespista, allá por el 2003, decidí que había llegado el momento de hacerme con un vehículo antiguo, en ese momento de mi vida solo tenía cabida una vespa. Busqué, probé, huí, negocié, y fue, al pedir consejo a mi tío Matías, afamado mecánico vocacional, cuando encontré mi Vespa 150 S. Tenía el corazón robusto y le latía con fuerza, pero un pasado muy sufrido, 100% dedicado al trabajo. Maquillada para enmascarar el tiempo me la presentaron, pero los años, la inactividad y la desconsideración la hacían sentirse de nadie. Su compañero de fatigas se jubiló y la cambió por un puñado de pesetas sin preocuparse por su transferencia. Un cristal blindado se afianzaba entre nosotros, pero nada es imposible, y si el blindaje tiene una debilidad se puede buscar. Investigando localicé a una insegura viuda cuyo valor residía en su cuidadora. Tras una reiterada conversación surgió, entre el revoloteo de ángeles, la frase de la esperanza "yo no quiero problemas que la moto esta a mi nombre". En ese momento un ángel cuidadora descendió con la pluma con la que se rubricó el contrato de la luz.
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