sábado, 21 de febrero de 2015

No solo de Vespa vive el hombre ...

Allá por el 2000 tuve la necesidad de coche, así que me puse a buscar un tripleB de segunda mano. Entre mis necesidades priorizaba su capacidad para transportar al perro, para ir a la montaña los fines de semana, y secundaba fiabilidad y mantenimiento barato. Dos eran mis opciones, Renault 4 o SEAT Panda-Marbella. Ni un solo R-4 se me cruzó, sí varios Marbellas, y uno de ellos pasó a mis manos. Siete añitos y 35000 km cuando lo compré y 14 años y más de 70000 cuando lo vendí. Fue un coche magnífico, se defendía en todos los terrenos con mucha dignidad y por muy poco dinero. Llegué a hacerle hasta 1000 km en un día. Todavía me apena haberme separado de él.

jueves, 19 de febrero de 2015

La vespa que me parió ...

Al mes de tener mi vespa TX decidí participar en la Iberovespa 2000, una concentración vespista que organizan, los Vespa Clubes portugueses, una vez al año. Partimos dos vespas desde Granada con el objetivo de juntarnos con compañeros del Scooter Club de Andalucía procedentes de varias provincias, en Sevilla, para realizar el resto del viaje juntos hasta Faro, en el Algarve portugués, lugar de la concentración.
Los dos "granainos", gas a fondo por la A92, rodábamos en busca de nuestro destino, acompañados por un camionero portugués que en los llanos y bajadas nos marcaba el logo de la marca del camión en el retrovisor y en las subidas nos daba ventaja. Para evitarle el calentón al camión decidimos parar un poquito y dejarlo ir.
Nuestras vespas no solo sonaban en la carretera, también lo hacían en la radio, en el programa Sexta Planta de Canal Sur Radio, en el que elogiaban nuestra hazaña con bellas palabras "dos granainos chalaos vienen a Sevilla en ... Vespa ... jajaja..." Un par de intervenciones telefónicas transformaron las risas en apuesta que, por supuesto, ganamos y terminamos el programa desde el estudio en directo, acogidos por los dicharacheros locutores del programa Pedro Sánchez y Raimundo Angosto. Fue una muy grata experiencia.
Sobre las 7 de la tarde nos reuníamos un puñado de vespistas henchidos de ilusión y alegría por volvernos a ver, bueno, no todos, aun faltaba el representante de Los Barrios  que venía en una 150S del 62 sin embrague. Una vez reunidos y en marcha entramos a Portugal, rompiendo las sombras de la noche, sobre el río Guadiana en su desembocadura, llegando a la zona de la acampada en Faro tarde pero premiados por un buen recibimiento. Plantamos las tiendas, planchamos las orejas y al cantar de un osado gallo que recolectó alguna bota, piedra y otros elementos arrojadizos, nos levantamos. De noche, no solo todos los gatos son pardos, también lo era la zona de aseo de la concentración, bueno, esta también lo era de día, así que nos dirigimos al aeropuerto, que estaba cerquita y muy limpito.
Aseados y limpitos volvimos para disfrutar de la ruta turística, gymkana, y sobre todo del ambientillo. Un gran fin de semana, que ni si quiera se estropeó con la atribulada vuelta.
La mañana fue un paseo turístico por el Algarve, pero tras la comida empezaron las prisas. A unos 80 km de Sevilla Los dos granadinos y un antequerano decidimos avivar el ritmo aunque en exceso. Yendo yo el tercero me sobresalto al ver ante mi como, el antequerano, tras un bandazo se iba al arcén, aunque sin poner pie a tierra retomaba la marcha. Unos segundos después y sin que me hubiesen bajado las pulsaciones, el otro granadino gripaba entre bandazos de allí para acá. Esta vez del arcén tardamos en salir y no fuimos más allá de la siguiente gasolinera. Siempre se ha dicho que las vespas no corren pero siempre llegan, claro está si no se les obliga a hacer lo contrario. Tirados en la carretera por nuestras malas cabezas y por una aseguradora, nos desgranamos. La vespa maltrecha acabó consolada por un sidecar dentro de una furgoneta camino a Sevilla, y su dueño en bus camino a Granada, El resto continuaron viaje sin incidencias, y yo, con la cabeza llena de dudas y el pecho de incertidumbres, acepté el ofrecimiento de un compañero scooterista sevillano y  pasé la noche en su casa. Por la mañana, con el aceite al 4% y rodando sin pausa y sin prisa crucé el "Paquito" y unas horitas después llegaba a Granada sin incidencias y con una sonrisa que ni el gato de Alicia en el país de las maravillas.



Este fue el primer viaje en vespa, en el que me bajo el alma vespista y tras el que renací como Paco TX.

miércoles, 18 de febrero de 2015

1997 ...

Llevaba tiempo desmotorizado y decidí volver a poner en marcha mi vieja Puch X-20. La pobre no servía para mucho más que un par de recados por la ciudad, y en uno de ellos se averío una vez más. Empecé a darle vueltas y decidí comprar un ciclomotor nuevo. Valoré todas las marcas, todas las modalidades (con marchas, automáticos, scooter, ...) y los que más me llamaron la atención fueron los scooters todoterreno, lo que me llevó a adquirir un Peugeot Squab. ¡Qué buen aparato! llamadlo feo, pero servía para todo, para la ciudad, para rutear por carreteras comarcales y nacionales y para salidas por el campo.
Con ella conocí a otros scooteristas de toda Andalucía, primero a través de la revista Soloscooter e internet y personalmente cuando se gestó el primer encuentro de scooteristas andaluces en Iznajar (Córdoba). A este encuentro acudí viajando con el club Vespacito rodeado de vespas.
Tras aquel encuentro se soltó del fondo de mi memoria una vespa roja que asombró al niño que viajaba en el SEAT 850 de mi padre de camino a la playa y que nos adelantaba con arrogancia. La vespa, a partir de entonces, empezó a retumbar en mi cabeza, hasta que, en abril del 2000, aproveche la renovación del carnet de conducir B para sacarme el A, y tras buscar y probar unas cuantas vespas de segunda mano me hice con una preciosa  TX 200 que recientemente cumplía 10 añitos.

viernes, 13 de febrero de 2015

Antecedentes

Desde antes de tener uso de razón, o eso me han contado, ya me gustaba todo lo que llevase ruedas. Lo primero fueron los coches, después la bici y por último las motos. Mi primer cacharro con ruedas fue un triciclo amarillo, el cual fue sustituido por una bicicleta BH plegable. Con los fondos de mi comunión, y un poquito más, mis padres me compraron una Torrot de cross que estuvo conmigo hasta los 17, cuando la cambié por una Orbea Sierra Nevada de segunda mano. La Orbea me sacó de la ciudad y me abrió la puerta a rutear y viajar sobre ruedas, también me sacó de la carretera rompiendome una clavícula lo que facilitaría hacerme con mi primera MTB, una Motobecane Barroudeur con ruedas gordas que eran un consuelo para mi madre.
El año en que llegó la Orbea, 1990, fue el del carnet de conducir B y el del regalo de un viejo ciclomotor Puch X20. Supe que me regalarían la X20 unos meses antes de que ocurriera, tiempo de fantasías viajeras, que se tornaron en imposibles con aquel viejo ciclomotor de vivo coraje y frágil corazón.
Heredo el SEAT 127 LS de mi padre pero a penas lo uso, es mi MTB la que me hace disfrutar sobre ruedas. A la Motobecane le sigue una BH Topline adquirida con 15000 ptas ahorradas y 40000 de la venta del 127. Pasarán 7 años hasta que aparezca otro vehículo en mi vida, la llave que abrió la puerta a los viajes con motor ...