viernes, 13 de febrero de 2015

Antecedentes

Desde antes de tener uso de razón, o eso me han contado, ya me gustaba todo lo que llevase ruedas. Lo primero fueron los coches, después la bici y por último las motos. Mi primer cacharro con ruedas fue un triciclo amarillo, el cual fue sustituido por una bicicleta BH plegable. Con los fondos de mi comunión, y un poquito más, mis padres me compraron una Torrot de cross que estuvo conmigo hasta los 17, cuando la cambié por una Orbea Sierra Nevada de segunda mano. La Orbea me sacó de la ciudad y me abrió la puerta a rutear y viajar sobre ruedas, también me sacó de la carretera rompiendome una clavícula lo que facilitaría hacerme con mi primera MTB, una Motobecane Barroudeur con ruedas gordas que eran un consuelo para mi madre.
El año en que llegó la Orbea, 1990, fue el del carnet de conducir B y el del regalo de un viejo ciclomotor Puch X20. Supe que me regalarían la X20 unos meses antes de que ocurriera, tiempo de fantasías viajeras, que se tornaron en imposibles con aquel viejo ciclomotor de vivo coraje y frágil corazón.
Heredo el SEAT 127 LS de mi padre pero a penas lo uso, es mi MTB la que me hace disfrutar sobre ruedas. A la Motobecane le sigue una BH Topline adquirida con 15000 ptas ahorradas y 40000 de la venta del 127. Pasarán 7 años hasta que aparezca otro vehículo en mi vida, la llave que abrió la puerta a los viajes con motor ...

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